14 de octubre de 2012

Menú de fics (VII)





Menú especial plagado de varios libros además de HP ¡Oh! y de una serie de televisión.


Primer tiempo
Lija y Terciopelo de Dryadeh

Ciertamente, Draco no sabía qué demonios hacer o decir y eso lo llenaba de rabia, se sentía como un estúpido, ahí parado, limitándose a observarla e intentado no mirar esos labios humedecidos por él. No podía parar de pensar en su boca y en cuánto le apetecía volver a besarla...pero, ¡era Granger! ¿En qué demonios estaba pensando? ¡Había besado a una sangre sucia!
—¿Qué has hecho?— espetó bruscamente a la chica.
—¿Que qué he hecho? —inquirió ella confusa.
—¡Si! —le gritó él sujetándola con violencia por los hombros —¿Qué me has hecho?
—No te entiendo.
—Eres una sabelotodo, ¿no? Estoy seguro de que has podido hacer un filtro amoroso perfectamente, de otra manera es imposible que yo... —se interrumpió bruscamente, consciente de lo que había estado apunto de decir.
—¿Que tú qué? —preguntó ella mirándole a los ojos serenamente.
—¡Ya sabes cómo funcionan los filtros amorosos! —le chilló él soltándola bruscamente y mirándola enfurecido.
—No he usado ningún filtro amoroso contigo, Malfoy— respondió Hermione secamente, comenzaba a indignarse. ¿Cómo se atrevía a acusarla de eso? ¡Había sido él quien la había besado!
—Vamos, Granger —dijo él sonriendo cínicamente —Reconócelo, es comprensible. Después de todo no eres la primera ni la última que se vuelve loca por mí.

Segundo tiempo
Hombres de Tumatawa

Peeta gruñó un par de palabras mas antes de que algo hiciera "clic" tras esos ojos azules, aun adormilados. Katniss vio divertida como Peeta parpadeaba con ese aire aturdido una vez más, justo antes de fruncir el entrecejo y mirarla, contra todo pronóstico, con un profundo odio y aversión.
—No puedo dormir, estás ocupando todo el espacio— Declaró el rubio con un gruñido.
Katniss abrió tanto la boca que su mandíbula podría haber tocado el suelo en ese mismo instante. Parpadeó aturdida con los ojos como platos ante la airada, y algo somnolienta mirada de Peeta que, tras unos instantes y sin mediar una palabra más, se giró sobre si mismo, dándole la espalda.
Tras apenas unos segundos los ronquidos de Peeta volvieron a resonar en la cueva. Katniss cerró la boca lentamente, aún en estado de shock. La pierna de Peeta se movió hacia ella, haciéndola pegarse aun mas contra la pared si es que eso era posible. El rubio sonreía de nuevo, y roncaba con mayor fuerza que antes, como si nada hubiera sucedido.

Tercer tiempo
Negro y Blanco de Just Drama Queen

—Princesa Puckett... —te llama, e ignoras si sigue utilizando el prefijo por costumbre o por cualquier otro motivo. Y te sorprendes al asegurar que no quieres saber la respuesta. Se detiene a dos pasos de ti como si quisiera que lo tomaras por el brazo y le digas que no es verdad. —Cuídate.
Y ahí está. El golpe que esperabas aunque no de la manera en la que creías, pensaste en huesos rotos y desgarres, pero nunca un golpe interno.
—Yo...
Y es que lo cierto es que no entiendes porque carajo llegaron a este punto.
¿Qué es lo que Freddie quiere?
¿Qué le regales una tarjeta el día de San Valentin?
¿Qué camines de su mano como hacen Gibby y Carly?
¿Qué le digas que lo amas a cada minuto?
Piensas que es estúpido de parte de él al esperar eso de ti.
Y te hiere de una manera que no sabes describir al haberle dicho que no lo amas. Y quizás tienes razón no lo haces, ni siquiera lo quieres.
Le odias y te fastidia. Eso es todo.
Ya que jura amarte más que cualquier persona (Y maldices al estar de acuerdo en eso)

Postre
El cuervo y el escritorio de Chezire

—Salir de aquí es muy fácil.
La Reina mira al gato panza arriba sin saber si lo dice en serio o no.
—¿De verdad?
—Claro.
—¿Y eso? —pregunta Stayne, ansioso, frotándose las manos.
—Eso es un pie —dice Chessur mirando una flor rosada con un pétalo larguísimo en la parte inferior y cinco diminutos pétalos en la parte superior.
—¡No! Digo… ¿Cómo es posible?
—Porque es obvio —responde el gato encogiéndose de hombros.
—¡No me refiero a eso! ¿Cómo es posible salir de aquí?
—Andando lo suficiente. Entonces uno acaba por llegar a un sitio nuevo y en consecuencia sale del anterior.
—¡AAAAAAAAGH! ¡QUE LE COOOOOORTEN LA CABEZA! —chilla la Reina Roja perdiendo la paciencia. Se apresura en puntualizar—: ¡LA QUE TIENE SOBRE EL CUELLO!
Pero Chess se eleva por los aires y ya no la escucha. Puede dejar la diversión para más tarde. «O no», piensa sonriendo aún más pronunciadamente. Acaba de llegar un visitante al submundo.