15 de enero de 2014

Feliz año 2014



Esto puede parecer bipolar, pero definamos la situación como que sigo siendo una adolescente. La cosa más tonta puede parecerme el fin del mundo y unas horas después estoy con una sonrisa poco común ¿Qué puedo hacer? Así soy, señores.

Total que el año anterior me prometí un siglo de cosas que no cumplí, no tanto porque no quería, sino porque conseguí algo más en mi camino, me sedujo y logró que me olvidara de todo. No me quejaré viví grandes cosas, conocí el amor o la ilusión de sentirte feliz junto a alguien. Pero soy una cobarde y sigo en mi resolución de que este no es el momento para que yo albergue ese tipo de cosas. Sí, lo sé. Sueno a una anciana del siglo pasado, pero nada ya tomé mi decisión.

Tomé mi decisión y aun así…

Ya sabéis, uno a veces es masoquista ¿o es el corazón? Bah, no tengo idea. No importa, quería saludarlos, decirles “¡Ey! Sigo aquí. No he muerto” esa clase de cosas que debemos decirles a las personas para que no se preocupen, supongo.

¿Qué quiero para este 2014? Vivir, señores, vivir.  Lo único que tengo seguro es que comenzaré una nueva etapa académica, quizás conozca a alguien que me haga olvidar lo que pienso del amor, puede que lea miles de libros, millones de cosas pueden ocurrir que sólo el de arriba sabe y yo estaré aquí poniendo mi granito de arena para que sucedan.  Porque vamos la cosa es “ayúdate que yo te ayudaré” no “quédate ahí que yo te ayudo”.

Esto es para desear un feliz año 2014 y que esas metas que se propusieron días atrás se cumplan. Por mi parte trataré de convertirme en una profesional de los números, que aquí entre nos le tengo pánico a eso de ser universitaria, pero ni modos, es hora de caminar hacia mi futuro y reconocer que pronto deberé pensar como adulto.

Nos vemos en la próxima entrada mis amores.


Esta reina se va a la fortaleza tenebrosa. 

Delirios reales: De cuando todo anda mal y se pone peor

Sabes perfectamente que no debiste llegar hasta ese punto. Tienes conciencia de que por mucho que seas capaz de aguantar siempre el vaso podrá llenarse más de lo debido y derramar el líquido. Fue eso lo que te ocurrió, un sinfín de situaciones que te llevaron a ese punto de ebullición del cual no hubo forma de sacarte.

Explotaste, dentro de ti claro está, y los resquicios de esa tormenta que tú misma te buscaste duraron más de lo que esperabas. Demasiadas tonterías. Demasiadas cosas estúpidas. Simplemente demasiado. Y lo peor es que te afectaron más de lo que deberían. Típico.

Todo gracias a este instrumento que debería “mejorar” tu vida y tal parece que hiciera todo lo contrario. Llega ese momento en que no quieres nada, en que deseas abandonarlo todo y… ¿qué sucede? Encuentras tu pequeña luz al final del túnel. Tu soporte. Esa persona que inconscientemente le da una patada voladora a las teorías pesimistas de Murphy.


Consigues sonreír y tu día mejora. No se vuelve perfecto, pero al menos puedes decir que luego de tanto… algo bueno pudiste sacar.